domingo, 31 de agosto de 2025

Lecturas para el encuentro del próximo sábado 6 de septiembre: Jaques Prevert, Gabriel García Márquez y William Ernest Henley.

Maite: 

Esta poesía de Jacques Prévert se me repite en la cabeza como un eco. Pone el foco en lo invisible: lo que el mundo muchas veces decide no mirar. Personas que se encuentran en el anonimato. Personas en situaciones de vulnerabilidad, trabajadores, adultos mayores, personas sin acceso a lo básico. No todo el mundo puedo disfrutar, aunque el sol “Brille para todos”. Pienso en mi abuela que se fue hace menos de un mes con 87 años. Se sentaba en la ventana y miraba. Solo miraba, cuando le preguntaba que hacía me decía que solo esperaba el final. La tarde del domingo son para muchas personas un recordatorio de lo monótona y dolorosa que puede volverse la vida.

“Intento de descripción de una cena de máscaras en París, Francia”

Jaques Prévert.

 El sol brilla para todo el mundo. No brilla en las prisiones,

no brilla para los que trabajan en la mina

los que descaman el pescado

los que comen carne podrida

los que fabrican horquillas para el pelo

los que soplan vacíos en botellas que otros beberán llenas

los que cortan el pan con el cuchillo

los que pasan las vacaciones en las fábricas

los que no saben lo que hay que decir

los que ordeñan las vacas y no beben la leche

los que no son anestesiados en el dentista

los que escupen sus pulmones en el metro

los que fabrican en sótanos las estilográficas con las que otros

escribirán al aire libre que todo va de perlas

los que tienen demasiado que decir para poder decirlo

los que tienen trabajo

los que no lo tienen

los que lo buscan

los que no lo buscan

los que dan de beber a los caballos

los que ven morir a su perro

los que tienen casi todas las semanas el pan de cada día

los que en invierno se calientan en las iglesias

los que son enviados por el sacristán a calentarse fuera

los que se estancan

los que querrían comer para vivir

los que viajan entre las ruedas

los que miran correr el Sena

los que son contratados, despedidos, ascendidos, rebajados,

manipulados, registrados, apaleados

los que son fichados

los que son llamados fuera de filas y fusilados al azar

los que deben desfilar frente al Arco

los que no saben comportarse en ninguna parte

los que nunca vieron el mar

los que huelen a lino porque trabajan el lino

los que no tienen agua corriente

los que son destinados al "azul horizonte"

los que arrojan sal en la nieve a cambio de un jornal irrisorio

los que envejecen más aprisa que los otros

los que nunca se agacharon para recoger un alfiler

los que se mueren de aburrimiento en las tardes de domingo

porque ven llegar el lunes

y el martes, y el miércoles, y el jueves, y el viernes

y el sábado

y la tarde del domingo.  


Beatriz:

Había leído de Gabriel García Márquez, “Crónica de una muerte anunciada” y otros cuentos breves y hermosos. Cien años de soledad llega a mí en un día de cumpleaños, de la mano de Felipe, mi amigo de la infancia. Me dijo: “esta novela te va a gustar…” y no solo me gustó,  sino que me fascinó, a tal punto de leerla cada tanto para no olvidarla. Toda la obra es de una fabulosa riqueza cultural colombiana, frases, expresiones, refranes, historia y política. En  Macondo se desarrolla esta historia familiar, con tramas reales y mágicas. Úrsula Iguarán  y José Arcadio Buen día a la cabeza de  cien años de aventuras, desventuras, felicidades y desgracias de una particular familia. Lo que me atrae de  la literatura latinoamericana es el respeto a sus raíces lingüísticas y a la tradición oral. En estos momentos estoy iniciando  Pedro Paramo, (1955) la primera novela de Juan Rulfo, autor mexicano. En cuanto al género es por ahí donde disfruto muchísimo de la lectura. Aunque no es excluyente ya que también gusto de autores como George Orwell o Aldus Huxley en sus obras más conocidas, biografías, historia y novelas románticas. Sobre todo  en  tiempos de mi  adolescencia como “Cuentos para Verónica” y “Cuentos para leer sin rimel” de la autora argentina, Poldy Bird. 

Cien años de soledad (1967), Gabriel García Márquez.

Género: realismo mágico.

Inicio del primer capítulo:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. «Las cosas tienen vida propia —pregonaba el gitano con áspero acento—, todo es cuestión de despertarles el ánima.» José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: «Para eso no sirve.» Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados. Úrsula Iguarán, su mujer, que contaba con aquellos animales para ensanchar el desmedrado patrimonio doméstico, no consiguió disuadirlo. «Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrar la casa», replicó su marido. Durante varios meses se empeñó en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo XV con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer.



Alejandra 

"Invictus" es un poema breve escrito por el poeta inglés William Ernest Henley (1849-1903) en 1875. Fue publicado por primera vez en 1888 en su Libro de poemas, donde se hallaba el cuarto de una serie titulada Vida y muerte (ecos). No tenía título originalmente: las primeras ediciones contenían solo la dedicatoria A R. T. H. B. —en referencia a Robert Thomas Hamilton Bruce (1846-1899), un exitoso comerciante de harina y panadero que era mecenas de literatos–. El título de "Invictus" (invicto, inconquistable en latín) fue añadido por Arthur Quiller-Couch al incluirlo en el Oxford Book of English Verse (1900). Respecto al autor, a la edad de 12 años fue víctima de la tuberculosis a los huesos. Años después la enfermedad había alcanzado un pie y los médicos anunciaron que la amputación por debajo de la rodilla sería la única forma de preservar su vida. En 1867 había logrado pasar con éxito el examen de entrada a la Universidad de Oxford. En 1875 escribía el poema desde una cama de hospital. A pesar de sus problemas de salud, vivió su vida de una forma activa hasta su muerte a los 53 años.

Conocí el poema (y me encantó)  viendo la película Invictus (del 2009). Es una película dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon, basada en el libro El factor humano de John Carlin. Trata sobre Nelson Mandela y su uso de la Copa del Mundo de Rugby de 1995 como una oportunidad para unir a Sudáfrica. El título viene de que Mandela tuvo el poema escrito en una hoja de papel durante su prisión, ayudándole a sobrellevar su encarcelamiento. En la película, Mandela le escribe el poema al capitán de la selección sudafricana, Francois Pienaar, antes del comienzo del campeonato (si bien en la realidad Mandela le dio un extracto de "The Man in the Arena", un discurso de Theodore Roosevelt.)

Lo volví a escuchar más tarde en la serie The Blacklist, Raymond Reddington recita este poema en el episodio 8 de la temporada 5, justo antes de que Liz vuelva a un estado consciente. Y en estas vacaciones de invierno,  leí la novela histórica: “La Capitana” de Graciela Ramos e iniciaba su libro con este poema, y me lo trajo de recuerdo justo en un momento difícil…no existen las casualidades, y me pareció oportuno compartirlo en este espacio. Si bien la interpretación de todo siempre es personal, el poema representa un símbolo de fortaleza y resiliencia, fue popularizado en parte por su uso por parte de Nelson Mandela durante su encarcelamiento, habla sobre la capacidad de sobreponerse a la adversidad, incluso frente al sufrimiento personal, en la  capacidad de no ceder ante el sufrimiento ni el miedo, manteniendo la entereza y la voluntad propia, incluso en los momentos más oscuros. Por todo ello constituye una gran fuente de inspiración.


INVICTUS

En la noche que me envuelve,

negra, como un pozo insondable,

le doy gracias al dios que fuere,

Por mi alma inconquistable.

 

En las garras de las circunstancias,

no he gemido, ni he llorado.

Bajo los golpes del destino,

mi cabeza ensangrentada jamás se ha postrado.

 

Más allá de este lugar de ira y llantos,

acecha la oscuridad con su horror,

Y sin embargo la amenaza de los años me halla,

y me hallará sin temor.

 

Ya no importa cuán estrecho haya sido el camino,

ni cuantos castigos lleve mi espalda,

Soy el amo de mi destino,

Soy el capitán de mi alma.




 Buen día. Que tengan hermoso día les comparto lectura de Albert Espinosa Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo. Abrazo. (Maite)



 

Herman Hesse

 Buen domingo, les dejo esto que pertenece al libro El juego de abalorios, de Hermann Hesse (Juliana).



Zarité

Hablando de Haití les comparto un hermoso libro de Isabel Allende "La isla bajo el mar" transcurre en Santo Domingo, actual Haití. (Juliana)



Hijo de los días, de Eduardo Galeano.

 Comparto (Maite).






De Rabindranath Tagore: poeta, filósofo, dramaturgo y pintor bengalí, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1913.

Me gustan mucho las palabras al leerlas me generan emoción. (Juliana)





La intrusa

Buenas tardes tengan todos y todas!@ Les dejo un texto muy interesante. Pedro Orgambide es el creador de este relato. ¡Que lo disfruten! (Beatriz)